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lunes, 17 de febrero de 2014

EL ÍNDICE DE OBESIDAD INFANTIL Y JUVENIL DE LA POBLACIÓN ESPAÑOLA ES CADA VEZ MAYOR

Varios estudios e investigaciones han demostrado que la obesidad infantil y juvenil es uno de los problemas de salud (no de estética) más graves de este siglo y como gradualmente afectará de forma progresiva en muchos países. Dentro de la Unión Europea, España es uno de los países donde hay una mayor tasa de obesidad y sobrepeso infantil, sumando un total de 13’9% en obesidad y 26’3% en sobrepeso. Durante los últimos veinte años se ha observado como la prevalencia ha incrementado, siendo la tendencia ligeramente mayor en los hombres (15’6%) que en las mujeres (12%), y que 4 de cada 10 niños, adolescentes y jóvenes adultos españoles entre 2 y 24 años son los que presentan un peso superior al recomendable.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) define el término de obesidad como: “acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”.
Otra definición para este concepto sería: “trastorno de alimentación/alimentario que consiste en un exceso de grasa corporal que se ve acompañada por un incremento de peso”. Básicamente, esto se produce cuando una persona come más calorías que las que su cuerpo llega a quemar.
El Doctor Víctor Saavedra (presidente de la Sociedad Chilena de Obesidad) manifiesta que cuando la cantidad de grasa en las mujeres supera el 33% de su peso total, se trata de obesidad; si es mayor que el 25%, sería sobrepeso. En los hombres si la cantidad de grasa corporal es superior al 25% es obesidad; mientras que el 20% se trataría de sobrepeso.

I. Polanco (Profesora Titular de Pediatría en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid) en el año 2001 expone que la prevención de la obesidad infantil y juvenil debería considerarse prioritaria y que el mejor tratamiento para dicho problema de salud es hacer su prevención desde la infancia. La prevención y la educación deberían trabajar conjuntamente en los ámbitos escolar y familiar, enseñando a los niños/adolescentes y a sus familias unos hábitos alimenticios adecuados y saludables, además de fomentar un aumento de la actividad física. Algunas de estas estrategias preventivas serían:
·      Elaborar programas de actividad física y de prevención a la obesidad.
·   Fomentar la actividad deportiva ya que reducirá la pasividad o inactividad. El ejercicio físico ayudará a mantener el peso ideal, pero también es importante buscar aquel que no interfiera en el crecimiento del individuo. Por ejemplo: natación. Para ello el centro escolar debería promocionar y ofertar actividades extraescolares deportivas no competitivas y seguras.
·   Mejorar la dieta aumentando el uso de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y pescados, disminuyendo el consumo de grasas saturadas y azúcares refinados.
·      Las piezas de fruta del postre no deben ser sustituidas por helados, yogures de sabores o zumos envasados.
·      No comer frecuentemente comida precocinada o prefabricada.
·   Controlar el tipo de comida y evitar prohibiciones absolutas de algunos alimentos. Para ello sería interesante que restringieran o eliminasen en los centros educativos las máquinas expendedoras de alimentos y bebidas de baja calidad nutricional.
·      Promocionar el desayuno como una comida principal con la familia ya que propiciará la comunicación, intercambio de información y la relación entre los miembros.
·      Para la hora de los almuerzos y meriendas, acostumbrarles a un bocadillo casero con pan de panadería o supermercado (no bollería o pan de sándwich).

En mi opinión, el índice de obesidad infantil y juvenil de la población española es cada vez mayor y va a ir acrecentando al paso de los años. No obstante, si se dispone de unas pautas preventivas y un asesoramiento psicológico y médico, es muy posible que este índice descienda poco a poco. Desde mi punto de vista psicológico y psicopedagógico, aquí expongo mi asesoramiento con las siguientes recomendaciones:
·      Para potenciar la actividad física y la práctica de deportes:
o  Prescindir del ascensor y subir-bajar las escaleras salvo en momentos puntuales como por ejemplo llevar bolsas pesadas de la compra.
o   Aumentar las actividades al aire libre en el campo o en el parque (bicicleta, andar, ciclismo, patinaje, volar una cometa, jugar a la pelota, saltar a la comba/goma).
ANOTACIÓN: si los niños aún son pequeños y no tienen actividades extraescolares deportivas, entrega de trabajos, tareas escolares y exámenes pendientes para estudiar para el día siguiente, sería recomendable llevarlo a jugar un rato al parque o a los columpios al salir por la tarde del colegio (entre una hora- hora y media).
o Preferiblemente no utilizar el coche o el transporte público para ir a la escuela/instituto e ir andando o en bicicleta.
o   Apuntarse a un gimnasio, así como a actividades extraescolares que estimulen tanto su actividad física como la cooperación. Si además es un deporte de equipo, sería doblemente eficaz ya que le ayudará a fortalecer la cohesión intragrupal y a fomentar las relaciones interpersonales con sus iguales.
o Presentar alternativas al ordenador, televisión, IPAD/tablet, entre otras similares para evitar el sedentarismo.
o  Programar excursiones familiares para los fines de semana o próximas vacaciones escolares (rutas para hacer senderismo, camping). En caso de que no sea posible y le guste el campo, apuntarle a un grupo Scouts.
·    Dar ejemplo desde el núcleo familiar para propiciar una alimentación adecuada, educando unos hábitos alimentarios saludables para todos e ir introduciendo estas modificaciones y cambios de hábitos paulatinamente. Así pues, conviene tener una dieta equilibrada, variada y no muy estricta (sin forzar al individuo). Para ello, habría que establecer un programa alimentario que incluya todo tipo de alimentos, siguiendo siempre la pirámide de alimentos:
o  Verdura: tomates, vegetales y ensaladas (al menos una diaria) y frutas (al menos 3 piezas diarias).
o  Huevos, carne y pescado (preferencia a este último y no abusar de las carnes rojas): 3-4 raciones/semana.
o  Legumbres (varias veces a la semana).
o  Leche, quesos y productos lácteos: 2-4 raciones/día.
o  Preferencia por el pan, arroz y pasta integrales y cereales con hierro y fibra (sensación de saciedad e ir al baño con regularidad).
o  Beber mucha agua (cantidad diaria recomendable: 1’5L/ 6-8 vasos).
o  Ocasionalmente permitir “caprichos”: chucherías, frutos secos, pásteles y alimentos de bollería industrial a base grasas e hidratos con azúcares, bebidas azucaradas (Coca-Cola, Fanta), helados.

·      Para evitar picotear entre horas, establecer unos horarios fijos y regulares de comidas. Sí ocurre en un momento puntual, comer una pieza de fruta (manzana con piel) o una verdura cruda (zanahoria). También es recomendable beber mucha agua entre horas ya que así se tiene la sensación de hinchazón y la saciedad disminuirá.
·      Conviene hacer las 5 comidas del día: desayuno (muy completo), almuerzo, comida, merienda y cena. Dichas comidas tienen que ser 3 regulares y 2 ligeras.
MUY IMPORTANTE: ¡No saltarse ninguna comida!
·      Utilizar productos lácteos desnatados (adolescentes) o semidesnatados (a partir de los 5 años). Es recomendable no dar alimentos y productos desnatados a los más pequeños ya que están en la etapa del crecimiento y necesitan el calcio que contiene la leche para fortalecer sus huesos para el día de mañana.
·      Cocinar a la plancha con un poco de aceite de oliva los alimentos proteicos (huevos, carnes y pescados) y las verduras preferiblemente hervidas al vapor.
·      No ir regularmente a restaurantes de comida rápida (McDonald’s, Burger King, KFC, Telepizza), como también reducir en casa este tipo de comida y los alimentos con abundante aceite.
·      Fomentar la higiene bucodental (uso de flúor, cepillarse los dientes tras cada comida, visitar periódicamente cada X tiempo al dentista/odontólogo).
·      Hablar con el profesor tutor o los profesores del niño/adolescente en caso de que haya bajado su rendimiento escolar, no tenga motivación para el estudio o unas técnicas de estudio afianzadas. En caso de que suceda alguna/s de las tres posibilidades, que uno de los progenitores ayude al individuo con sus tareas escolares o bien buscar un profesor de repaso o refuerzo educativo y en caso de que sea necesario, contar con la colaboración de un profesional del campo de la psicología.
·      Si no le gusta comer, enseñarle a disfrutar de la comida. A veces la aversión puede ser debida a varias causas: aburrimiento (juega con la comida), apatía (no le apetece comer porque no tiene hambre. No forzarlo en esos casos) o porque teme a engordar sin estar obeso. En este último caso puede ser por dos motivos: llamada de atención hacia sus familiares/amistades o el inicio de una enfermedad grave (anorexia, bulimia, vigorexia). Comprobar sí esta causa esconde alguna situación desencadenante: baja autoestima, medios de comunicación/publicidad/famosos idolatrados o por comentarios externos (compañeros o pareja afectiva) y si además, añade la conducta de provocarse el vómito tras la comida de poca/normal cantidad (anorexia) o excesiva cantidad (bulimia. Íntimamente relacionada con los niveles de ansiedad) o en vez de vomitarla, realiza inmediatamente después de comer, ejercicio compulsivamente (vigorexia). En estos casos, llevarlo/a urgentemente al psicólogo.
·   Intervención, asesoramiento y terapia psicológica tanto a nivel individual como familiar. El especialista le ayudará a/en: incrementar su nivel de estudio y rendimiento escolar (técnicas de estudio y motivación); aumentar su autoestima y autoconcepto; reducir y eliminar la ansiedad. Cuando la ansiedad le genera un aumento de ingesta de bebidas o alimentos, es recomendable también enseñarle unas técnicas de autocontrol; programas de habilidades sociales e inteligencia emocional para mejorar sus relaciones con sus iguales y a no depender tanto a nivel emocional (amistad o pareja afectiva) como a nivel familiar (apego).
- Hacer un seguimiento y una terapia de especialidad clínica en caso de que el sujeto tenga alguna de las enfermedades graves citadas anteriormente. En caso de que se prolongue en el tiempo, buscar ayuda de un psiquiatra y un centro de rehabilitación/hospital.
- Este especialista debe trabajar conjuntamente con el nutricionista/médico de cabecera/pediatra, estando siempre de acuerdo con los hábitos alimentarios marcados al individuo. Tanto estos expertos como el adulto (progenitor, familiar o tutor) deben fijar los objetivos junto al niño; establecer unos horarios regulares de comidas; realizar un seguimiento pautado, regular y visual no muy complicado; comprobar que el sujeto no pase hambre y pactar las modificaciones a considerar. 

martes, 4 de febrero de 2014

ESTRÉS EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA

Aunque parecen sinónimos, cabría hacer distinción entre estrés y ansiedad.

La definición de estrés según la OMS (Organización Mundial de la Salud) es “conjunto de reacciones fisiológicas que preparan el organismo para la acción”. Es decir, ante una determinada demanda del entorno del individuo, éste realizará un conjunto de procesos fisiológicos y psicológicos que lo prepararán para poder actuar en consecuencia y responder a dicha demanda. En caso de que esta respuesta resulte exagerada o insuficiente, a la persona le generará angustia, nervios y agobio, experimentando así varios síntomas y trastornos psicológicos (como podría ser la ansiedad, depresión e incluso ira).

La ansiedad por su parte, además de ser una respuesta emocional al estrés, puede ser una reacción emocional de alerta ante una amenaza que puede originarse sin agentes estresantes (internos y externos) y que variará en relación al estímulo que se haya producido. Suele venir acompañada de sentimientos de inquietud, recelo, miedo y nerviosismo. Regularmente está relacionada a las preocupaciones excesivas y reiterativas, llegando a ser obsesivas.

Así pues, el estrés puede producir ansiedad; no obstante, el individuo que padece ansiedad no necesariamente tiene que padecer estrés.

Las emociones son unos estados afectivos muy intensos, pero no suelen ser muy duraderas. Su principal función sería una vez identificada dicha emoción, responder ante una determinada situación. Se pueden categorizar en varias clasificaciones, siendo una de ellas la que distingue entre emociones positivas y negativas. Las positivas son aquellas que son saludables para el organismo, como lo serían la alegría, la esperanza o la sorpresa y las negativas son las que producen insatisfacción al individuo, como serían la tristeza, el miedo, los celos o la ira. Aunque la clasificación distingue entre positivas y negativas cabría añadir que eso no significa que sean buenas y malas ya que ambas siempre tienen una función adaptativa. El problema surge cuando estas emociones aparecen en situaciones inadecuadas o reiterativas en exceso. El estrés, al igual que le pasa al miedo, es una emoción por lo general negativa. Un poco de estrés siempre es positivo, útil y adaptativo para el alumno ya que le ayudará en su motivación y en su rendimiento académico, pero si se da de forma excesiva, puede llegar a interferir en su vida y producir el caso contrario. La siguiente gráfica, en forma de “U” invertida, refleja lo citado anteriormente:


La causa del estrés negativo (también llamado distress) es cualquier situación que requiera una nueva adaptación o un cambio, tanto positivo como negativo.

Por un lado, aquí propongo algunas pautas de cómo puede ayudar a su hijo en caso de que se sintiera estresado:
·  Tolerancia y enseñarles a serlo ante personas o situaciones que les causen frustración.
·   Elegir aquellas actividades que sean más adecuadas para la personalidad del niño y que al participar en ellas le hagan sentir feliz y contento.
·   Descubrir si se siente cómodo en la escuela (hablar con él/ella y contrastar con sus profesores).
·   Ayudarle a que sea más abierto, comunicativo y expresivo respecto a sus emociones, sentimientos, preocupaciones, miedos/temores e inquietudes. 
·    Enseñarle a ser más asertivos (saber decir que no en determinadas situaciones) y que sepa pedir ayuda cuando la necesite.
·   Estar siempre cerca de ellos, hablando con un tono tranquilo, empleando la escucha activa sin criticar y empatizando con sus problemas e inquietudes.
·    Ayudarles a buscar una solución a sus problemas y a aumentar su autoestima en caso de que ésta sea baja.
·    También comprobar lo que ven en la televisión, videojuegos a los que juegan, realicen sus tareas escolares y tengan unos hábitos alimenticios correctos y saludables.
·  Estar pendiente de cualquier signo de estrés que muestre el niño y ayudarle si lo necesita, pero si estos signos no desaparecen en un tiempo prolongado de tiempo o no han disminuido, buscar ayuda profesional de un psicólogo para una terapia individual o una grupal junto a un grupo de personas con la misma temática. Esta terapia se centrará en administrarle una serie de herramientas para poder controlar las situaciones en las que se pueda producir estrés; iniciarle con un programa de Inteligencia Emocional (haciendo hincapié en empatía y asertividad) y de Entrenamiento de Habilidades Sociales, así como otro programa para aumentar tanto su autoestima como su autoconcepto; enseñarle técnicas de autocontrol y relajación.

Por otro lado, aquí adjunto algunos consejos para que el niño aprenda a controlar el estrés:
·    Hablar de lo que le sucede y compartir sus problemas o inquietudes con sus padres, otros familiares, amistades o con alguien en quien le resulte cómodo confiar.
También sería interesante que cuando esté sufriendo un ataque de estés, anote en un cuaderno o diario personal todas sus preocupaciones, inquietudes, ideas, emociones y pensamientos que en ese momento se le estén pasando por la cabeza ya que escribiéndolo le disminuirá poco a poco el estrés inicial y también le servirá para canalizar el estrés y conocerse más a sí mismo.
·      Usar técnicas de relajación y visualización: música suave y tranquila (música clásica o instrumental), un baño relajante de agua caliente con sales o geles de frutas, hacer meditación y yoga infantil, hacer ejercicios de imaginación con los ojos cerrados (por ejemplo, imaginar que están tumbados en una playa).
·      Tener un rato para estar un tiempo solo y disfrutando de aquellas actividades que le gusten y le hagan sentirse relajado y tranquilo. Por ejemplo: leer, pintar, tocar un instrumento, cantar, bailar, escribir, hacer manualidades, jugar con los bloques de construcción, coser, macramé, diseñar pulseras, escuchar música, salir a dar una vuelta con los amigos…
·  Canalización de la energía: apuntarse a alguna actividad extraescolar física y deportiva o a un gimnasio.
·    Establecer metas y objetivos (siempre realistas) y que los lleve a cabo de la mejor forma posible hasta donde llegue (lo importante es el esfuerzo invertido, no el resultado obtenido). Decirle que no es posible que todo lo haga bien y que cada uno tiene unas determinadas competencias y cualidades, compartidas o no con otro miembro de la familia o amigo.
·     Aprender a quererse y respetarse, tanto a sí mismo como a los demás. Le ayudará a aumentar su autoconcepto y su autoestima.
·      Prepararse un vaso de leche caliente o infusión relajante antes de irse a dormir y tratar de evitar cafés, tés, bebidas con cafeína y azúcar (Coca-Cola, Red Bull) o cualquier bebida/comida que pueda alterar su sistema nervioso. En caso de que sea un adolescente fumador, sería recomendable que evitase en la medida de lo posible el consumo del tabaco.