sábado, 12 de abril de 2014

LA ISLA DE LOS SENTIMIENTOS (JORGE BUCAY)

Antes de adjuntar la lectura del cuento y mi opinión personal, voy a hacer una distinción entre la emoción y el sentimiento. Suelen ser confundidos fácilmente ya que muchos autores los consideran sinónimos al estar íntimamente relacionados; no obstante, cabría añadir que a pesar de ser bastante similares, cada uno tiene unas características propias y una definición diferente. Varias fuentes de Internet, así como algunos autores difieren estos dos términos de la siguiente forma:
·      Según la RAE (Real Academia Española):
o  Emoción: alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática.
o  Sentimiento: estado afectivo del ánimo producido por causas que lo impresionan vivamente.
·      A. DAMASIO (neurólogo):
o  Cuando experimentas una emoción, por ejemplo la emoción de miedo, hay un estímulo que tiene la capacidad de desencadenar una reacción automática. Y esta reacción, por supuesto, empieza en el cerebro, pero luego pasa a reflejarse en el cuerpo, ya sea en el cuerpo real o en nuestra simulación interna del cuerpo. Y entonces tenemos la posibilidad de proyectar esa reacción concreta con varias ideas que se relacionan con esas reacciones y con el objeto que ha causado la reacción. Cuando percibimos todo eso es cuando tenemos un sentimiento.
·      R. LAZARUS (psicólogo):
o  Emoción: nace de forma espontánea a través de la presencia de un estímulo. A continuación, hace una valoración primaria y automática del mismo para reconocer si éste es bueno, malo o indiferente para el individuo. Al ser aguda y efímera, pocas veces puede convertirse en sentimiento. Esto sucedería en caso de que pasará a nuestra conciencia de las sensaciones de nuestro cuerpo, alterándolo al recibir ese estímulo. Al asociar esta emoción con lo que sentimos, es cuando se produciría el sentimiento. Los sentimientos pueden persistir en ausencia de estímulos externos.
o  Sentimiento: propone incluirlo dentro del marco de las emociones ya que ambos se consideran conceptos interrelacionados, en el que la emoción abarcaría al sentimiento. Así pues, define este término como componente y experiencia subjetiva/cognitiva de la emoción.
·      R. BISQUERRA (pedagogo):
o  Emoción: estado complejo caracterizado por una excitación o perturbación que puede llegar a ser fuerte. Además, es una reacción afectiva más o menos espontánea ante algún acontecimiento significativo del individuo. Su duración suele ser bastante efímera ya que puede durar desde unos segundos a varias horas. No permanece estática en el tiempo ya que el estado de ánimo del individuo suele ser variable a lo largo del día o incluso en un momento determinado.
·      LE DOUX y otros autores definen sentimiento como emociones voluntarias.

El siguiente relato pertenece al libro “Todo (no) terminó” y su escritor es Jorge Bucay. En forma de cuento, nos narra la aventura de unos entrañables personajes (emociones y sentimientos humanos) y como todos ellos están conviviendo juntos en una isla.
En mi opinión es un cuento precioso y se puede observar lo curioso que resulta ver como algunas emociones y sentimientos están unidos entre sí, a pesar de ser opuestos o similares según en qué ocasiones se presenten. Está muy bien ambientado y es fácil de visualizar. Además, al estar relacionado con algo que conocemos, experimentamos y sentimos diariamente, hace que empaticemos con mayor afinidad con el protagonista de esta historia (el Amor). ¡Os animo a que lo leáis toda la familia y espero que lo disfrutéis! J

Erase una vez, una isla donde habitaban todas las emociones y todos los sentimientos humanos que existen. Convivían por supuesto, el Temor, la Sabiduría, el Amor, la Angustia, la Envidia, el Odio... Todos estaban allí. A pesar de los roces naturales de la convivencia, la vida era sumamente tranquila e incluso previsible. A veces, la Rutina hacía que el Aburrimiento se quedara dormido o el Impulso armaba algún escándalo, pero muchas veces la Constancia y la Convivencia lograban aquietar el Descontento.
Un día, inesperadamente para todos los habitantes de la isla, el Conocimiento convocó una reunión. Cuando la Distracción se dio por enterada y la Pereza llegó al lugar de encuentro, todos estuvieron presentes. Entonces el Conocimiento dijo:
- Tengo una mala noticia que darles, la isla se hunde.
Todas las emociones que vivían en la isla dijeron:
-¡No! ¿Cómo puede ser? ¡Si nosotros vivimos aquí desde siempre!
El Conocimiento repitió:
- La isla se hunde.
-¡Pero no puede ser! ¡Quizás estás equivocado!
- El Conocimiento casi nunca se equivoca- dijo la Conciencia dándose cuenta de la verdad- Si él dice que se hunde, debe ser porque se hunde.
-¿Pero qué vamos hacer ahora?- se preguntaron los demás.
Entonces el Conocimiento contestó:
- Por supuesto, cada uno puede hacer lo que quiera, pero yo les sugiero que busquen la manera de dejar la isla. Construyan un barco, un bote, una balsa o algo que les permita irse, porque el que permanezca en la isla desaparecerá con ella.
-¿No podrías ayudarnos?- preguntaron todos, porque confiaban en su capacidad.
- No- dijo el Conocimiento- La Previsión y yo hemos construido un avión y en cuanto termine de decirles esto, volaremos hasta la isla más cercana.
Las emociones dijeron:
-¡No! ¡Pero, no! ¿Qué será de nosotras?
Dicho esto, el Conocimiento se subió al avión con su socia, llevando de polizón al Miedo, que como no es tonto ya se había escondido en el motor, dejaron la isla. Todas las emociones, en efecto, se dedicaron a construir un bote, un barco, en velero... Todas salvo el Amor. Porque el Amor estaba tan relacionado con cada cosa de la isla que dijo:
-Dejar esta isla, después de todo lo que viví aquí… ¿Cómo podría yo dejar este arbolito, por ejemplo? ¡Ahh! Compartimos tantas cosas…
Y mientras las emociones se dedicaban a fabricar el medio para irse, el Amor se subió a cada árbol, olió cada rosa, se fue hasta la playa y se revolcó en la arena como solía hacerlo en otros tiempos. Tocó cada piedra y acarició cada rama.
Al llegar a la playa, exactamente desde donde el Sol salía, su lugar favorito, quiso pensar con esa ingenuidad que tiene el Amor.
-Quizá la isla se hunda por un ratito y después resurja, ¿Por qué no?
Y se quedo días y días midiendo la altura de la marea para revisar si el proceso de hundimiento no era reversible. La isla se hundía cada vez más; sin embargo el Amor no podía pensar en construir, porque estaba tan dolorido que sólo era capaz de llorar y gemir por lo que perdería. Se le ocurrió entonces que la isla era muy grande y que, aún cuando se hundiera un poco, él siempre podría refugiarse en la zona más alta. Cualquier cosa era mejor que tener que irse. Una pequeña renuncia nunca había sido un problema para él. Así que una vez más tocó las piedras de la orilla, se arrastró por la arena y se mojó los pies en la pequeña playa. Luego, sin darse cuenta demasiado de su renuncia, Caminó hasta la parte norte de la isla, que si bien no era la que más le agradaba, pero era la más elevada. Y la isla se hundía cada día un poco más. Y el Amor se refugiaba cada día en un lugar más pequeño.
-¡Después de tantas cosas que pasamos juntos!- le reprochó a la isla.
Hasta que, finalmente sólo quedó una minúscula porción de suelo firme, el resto había sido tapado completamente por el agua. Justo en ese momento el Amor se dio cuenta de que la isla se estaba hundiendo de verdad. Comprendió que, si no dejaba la isla, el Amor desaparecería para siempre de la faz de la Tierra. Entonces, caminando entre senderos anegados y saltando enormes charcos de agua, el Amor se dirigió a la bahía. Ya no había posibilidad de construirse una salida como la de todos, había perdido demasiado tiempo en negar lo que perdía y en llorar lo que desaparecía poco a poco ante sus ojos. Desde allí podría ver pasar a sus compañeras en las embarcaciones. Tenía la esperanza de explicar su situación y de que alguna de ellas lo comprendiera y lo llevara. Observando el mar, vio venir el barco de la Riqueza y le hizo señas. La Riqueza se acercó un poquito a la bahía.
- Riqueza, tú que tienes un barco tan grande, ¿No me llevarías hasta la isla vecina? Yo sufrí tanto la desaparición de esta isla que no pude fabricarme un bote.
Y la Riqueza le contestó:
- Estoy tan cargada de dinero, de joyas y de piedras preciosas, que no tengo lugar para ti, lo siento- y siguió su camino sin mirar atrás.
El Amor siguió observando, y vio venir a la Vanidad en un barco hermoso, lleno de adornos y florecitas de todos los colores. Llamaba muchísimo la atención. El Amor se estiró un poco y gritó:
-¡Vanidad… Vanidad, llévame contigo!
La Vanidad miró al Amor y le dijo:
- Me encantaría llevarte ¡Pero tienes un aspecto! ¡Estás tan desagradable! Tan sucio y tan desaliñado, perdón pero creo que afearías mi barco- y se fue.
Pasó la Soberbia, que al pedido de ayuda contestó:
-¡Quítate de mi camino o te paso por encima!
Como pudo, el Amor se acercó al yate del Orgullo y, una vez más, solicitó ayuda. La repuesta fue una mirada despectiva y una ola casi lo asfixia.
Y así el Amor pidió ayuda a cada una de las embarcaciones. A la Constancia, a la Sensualidad, a los Celos, a la Indignación y hasta al Odio. Y cuando pensó que ya nadie más pasaría, vio acercarse un barco muy pequeño, el último, el de la Tristeza.
- Tristeza, hermana- le dijo- Tú que me conoces tanto, tú no me abandonarás aquí, eres tan sensible como yo. ¿Me llevarás contigo?
Y la Tristeza le contestó:
- Yo te llevaría, te lo aseguro, pero estoy taaaaaaan triste que prefiero estar sola- y sin decir más, se alejó.
Y el Amor, pobrecito, se dio cuenta de que por haberse quedado ligado a esas cosas que tanto amaba, él y la isla iban a hundirse en el mar hasta desaparecer. Entonces se sentó en el último pedacito que quedaba de su isla a esperar el final. De pronto el Amor escuchó que alguien chistaba:
- Chst, chst, chst...
Era un desconocido viejito que le hacía señales desde un bote de remos. El Amor se sorprendió:-¿A mí?- preguntó, llevándose una mano al pecho.
- Sí, si- dijo el viejito- A ti. Ven conmigo, súbete a mi bote y rema conmigo, yo te salvo.
El Amor lo miró y le quiso explicar:
- Lo que pasó es que yo me quedé…
- Ya entiendo- dijo el viejito sin dejarlo terminar la frase- ¡Sube!
El Amor subió al bote y juntos empezaron a remar para alejarse de la isla. No pasó mucho tiempo antes de poder ver como el último centímetro de la isla se hundía y desaparecía para siempre.
-¡Nunca volverá a existir una isla como está!- murmuró el Amor, quizás esperando que el viejito lo contradijera y le diera alguna esperanza.
- No- dijo el viejito- Como ésta, nunca. En todo caso, diferentes.
Cuando llegaron a la isla vecina, el Amor comprendió que seguía vivo. Se dio cuenta de que iba a seguir existiendo. Giró sobre sus pies para agradecerle al viejecito, pero este, sin decir una palabra, se había marchado tan misteriosamente como había aparecido. Entonces, el Amor, muy intrigado, fue en busca de la Sabiduría para preguntarle:
-¿Cómo puede ser? Yo no lo conozco y él me salvó. Nadie comprendía que me hubiera quedado sin embarcación, pero él me ayudó, él me salvó y yo ni siquiera sé quién es.
La Sabiduría lo miró a los ojos un buen rato y dijo:
- Él es el único capaz de conseguir que el Amor sobreviva cuando el Dolor de una pérdida le hace creer que es imposible seguir adelante. El único capaz de darle una nueva oportunidad al Amor cuando parece extinguirse. El que te salvó, Amor, es el Tiempo.

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